si, si. Como te digo...es de lo mejorcito que viene, eh?
si, si. Como te digo...es de lo mejorcito que viene, eh?

El tornillo

Con vos quería hablar. Tengo que contarte algo pero dejame terminar antes de interrumpir. Vos sabés que yo tengo mis tiempos así que no te pongas nervioso.

¿Te acordás de Juana Marta? Bueno, resulta que me la jugué y la encaré ¿viste? Me la encaré bien encarada y le dije que me acompañe a la ferretería que tenía que comprar unos tornillos.

No me mirés así. Al cine invita cualquiera. Hay que ser bien macho para invitar a la ferretería. Porque no cualquiera se manda a la ferretería así nomás. Hay que saber, hay que tenerlos bien puestos.

Ahora decime algo, ¿vos te diste cuenta de algo? ¿Cómo hace el tipo de la ferretería para saber en qué cajoncito están las cosas? Porque no le erra nunca el tipo. ¿Te diste cuenta de eso? Vos le pedís cualquier mierdita y el ferretero ni se da vuelta. Tira el brazo para atrás, abre un cajoncito mínimo y saca lo que vos le pediste sin dudar un segundo. Y yo no puedo encontrar un puto par de medias en los cajones del placard de la pieza !!! Me quiero morir.

La cuestión es que llegamos y ahí nomás marqué mi territorio: el del que sabe, el del que la manya lunga. No cualquiera entra a una ferretería y sabe lo que quiere. Ahí se juega la masculinidad en su maxima expresión. Además estaba con ella. Porque si vas solo podés ensayar una explicación casera de lo que necesitás. Podés tirar un “cosito” en vez de “tornillo cuaternostro” sin ponerte colorado. Pero con la mina al lado tuyo no hay tutía. Ahí tenés que pelar conocimiento. “Dame un tornillo de cabeza ranurada” y chupate esa mandarina. La pipistrela piensa que sos un tipo con calle, no un chichipío cualquiera. “Este sabe denserio” debe pensar. Seguro.

El problema en esos casos son las repreguntas. Porque el “Buen día, ¿qué desea?” lo pasás sin drama. Ahora te quiero ver cuando el ferretero te indaga como si fueras un testigo en el medio de un juicio. Por eso hay que ir preparado a la ferretería. No sea cuestión que todo se te caiga como un castillo de naipes, como un dominó cuando los ponés parados y tocás uno y se te apilan todos uno atrás de otro, ¿viste?

Entonces tenés que estar preparado para que el mal bicho del que te atiende te pregunte cosas específicas como: “¿Las ranuras rectas o zig zag?” o “¿Los orificios en cruz o hexagonales?”. Te juro que me dan ganas de mandarlo a freir churros. Así nomás te lo digo. Pero, ahora que lo pienso, se trataría de un panadero y no de un ferretero.

Es una situación complicada. No te olvides de que el ferretero te pregunta como si fuera lo mas normal pero vos te sentís como el tipo que patea el último penal de la final del mundo. Si la metés sos campeón pero si la errás sos el más pelotudo del mundo. Entonces yo voy por la más fácil: elijo cualquier cosa. “Dame el zig zag” le digo sin mirarlo, como si estuviera pensando en a dónde voy a llevar a Juana Marta a cenar. “Dame el zig zag” y punto. Ahí el secreto es mirar para el otro lado como diciéndole al ñato: “Ni se te ocurra preguntarme nada mas porque vos y  el tornillo con ranura o sin ranura se pueden ir bien a cagar”.

En ese momento te metés de lleno en el biri biri con la mina, mirándola como si pedir tornillos de cabeza ranurada con ranuras zig zag es lo que vos hacés cuando ya hiciste todo lo que tenías para hacer. Te das vuelta para encararla como hacen en las películas. Incluso si podés, apoyá el codo en el mostrador. De canchero nomás, no sirve para nada pero te suma puntos con las minas. Apoyate y vas a ver. Pero tené cuidado que no te pase lo mismo que al Gordo Balovero que se apoyó sobre el frasco abierto de cemento de contacto y tuvieron que internarlo para operarle el codo.

El final es lo más importante. Ahí ni preguntes cosas como “¿Cuánto es?” porque desnudás que sos un improvisado. Un tipo que sabe del universo ferretero no pregunta el precio. Va y compra. Derecho viejo. En vez de hacer preguntas, vos tenés que afirmar. Vos sos el que manda. Cuando vuelve el tipo con los tornillos metidos en esos sobrecitos de mierda de papel, vos le escupís en la cara un “Cobrate” y sin salamín. Ojo: siempre llevá billetes grandes porque no podés caer en el error de principiante y dejar que se escuche un “no alcanza con esto”. Siempre billetes grandes. Que la mina lo vea, que sienta que está con un tipo de mundo, alguien que le va a pagar cuando la lleve a pasear. Que sepa sin que se lo digas que cuando la lleves a alquilar los botecitos en Palermo pagás vos.

Eso hice yo con la Juana Marta y se murió. Cayó muerta la mina. Salimos, pagué yo y la llevé a la casa antes de las once como quedé con doña Marta, la vieja.  Encima quedé como un duque porque, cuando llegamos, la Juana Marta le dijo a su mamá que yo la había llevado a la ferretería y que había quedado impresionada porque no sabía que existían los tornillos de cabeza ranurada con punta zig zag. Se los mostré y todo y le conté que me iba a encontrar con vos para ayudarte con los estantes del baño de tu casa.

Y de eso quería hablarte. Estos tornillos de mierda no sirven así que los estantes los colgamos otro día.Hay que ir a la ferretería y preguntarle al tipo cuáles son los cosos que necesitamos y listo.

¿Vas vos mejor?

http://max.com.ar/2009/10/03/el-tornillo/#more-1085

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